Odia el Problema. No a la Persona.
- Haeya Talks
- 24 mar 2025
- 3 min de lectura
La iglesia ha olvidado algo esencial. En su celo por defender la santidad, ha comenzado a disparar contra los heridos, como si la solución al pecado fuera el exilio en lugar de la restauración. No me malinterpretes, la corrección es necesaria. Pero, ¿cuándo la corrección se convirtió en destrucción?
Pablo lo dejó claro en 2 Tesalonicenses 3:14-15:
"Si alguno no obedece lo que decimos en esta carta, señálenlo y no se junten con él, para que sienta vergüenza. Sin embargo, no lo tengan por enemigo, sino amonéstenlo como a un hermano."
No los consideren como un enemigo.
Hoy, la amonestación ha sido reemplazada por el desprecio. Hemos olvidado que el verdadero enemigo no es la persona, sino el pecado que la esclaviza. Jesús mismo nos dio poderosos ejemplos de cómo tratar a aquellos que caen.
Juan 8;1-11
La mujer sorprendida en adulterio fue arrastrada ante Él, con piedras listas para ser lanzadas. La ley demandaba su muerte. Pero Jesús, con su enigmática calma, escribió en el suelo y desafió a los acusadores: "El que esté sin pecado, que tire la primera piedra." Uno a uno, se alejaron, dejando atrás su hipocresía. Y Jesús, sin justificar su pecado, le dijo:"Vete y no peques más."
Lucas 19;1-10
Zaqueo, un hombre corrupto y despreciado por su propio pueblo, encontró algo inesperado en Jesús: un llamado, no condena. La multitud murmuraba, escandalizada de que el Maestro entrara en la casa de un pecador. Pero fue precisamente esa gracia la que transformó a Zaqueo, no el duro juicio de la multitud.
Pedro, quien negó a Jesús tres veces, fue restaurado con la misma intensidad con la que había caído. No hubo humillación, solo una pregunta que traspasó su alma:"¿Me amas?"
Y aquí es donde nos volvemos inhumanos. Nos hemos convertido en jueces despiadados, verdugos de aquellos que necesitan ser rescatados. Confundimos la firmeza con la crueldad. Pero si realmente queremos reflejar a Cristo, debemos aprender a diferenciar entre atacar el pecado y destruir a la persona.
Restaurar con mansedumbre.
La Biblia nos advierte que, al corregir a otros, debemos hacerlo con un espíritu de mansedumbre, cuidando de no caer en la misma tentación:
Galatas 6;1
"Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado."
Muchos han olvidado esto. Corrigen con arrogancia, olvidando que el pecado es una trampa en la que cualquiera puede caer. Debemos corregir con humildad, sabiendo que la gracia es lo único que nos mantiene fuera de la misma posición que aquel a quien estamos corrigiendo.

La Psicología y su Impacto en la Sociedad
Este problema no está solo en la iglesia; lo vemos en toda la sociedad. La psicología ha estudiado el impacto de la deshumanización, un fenómeno en el que dejamos de ver a los demás como individuos completos y, en su lugar, los reducimos a sus errores, ideologías o comportamientos. Cuando esto sucede, se vuelve más fácil juzgar sin empatía y rechazar sin remordimiento.
La Teoría de la Atribución en la psicología social explica que tendemos a justificar nuestros propios errores con circunstancias externas (*"Estaba cansado"*, *"Tuve un mal día"*), pero juzgamos a los demás como si sus fallos definieran su esencia (*"Es una mala persona"*, *"Siempre es así"*). Esto crea una sociedad más fría, donde la condena reemplaza la comprensión.
Tanto dentro como fuera del cristianismo, esto se ha convertido en un problema serio:
La cultura de la cancelación en las redes sociales: una persona comete un error y, en lugar de ayudarla a aprender, es destruida públicamente.
Relaciones personales: en lugar de resolver los conflictos con madurez, las personas se alejan unas de otras sin dar oportunidad para la redención.
Iglesias: aquellos que fallan a menudo son marginados, cuando deberían ser los primeros en recibir restauración.
El problema no es solo religioso. Es humano.
Ahora, no malinterpretes mis palabras. Esto no es un pase libre para pecar sin consecuencias. No podemos jugar con la gracia como si fuera un escudo para la rebelión.
Pablo lo dijo claramente:
Romanos 6;1-2
"¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?"
La sabiduría significa corregir, pero también significa restaurar. Significa no permitir que el pecado se normalice, pero también no convertirnos en fariseos sin corazón. Jesús confrontó, pero también abrazó.
Así que, antes de señalar con el dedo, pregúntate: ¿Estás corrigiendo para restaurar o para destruir?
Odia el Problema.No a la Persona.
Haeya Talks


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